Trabajar en Hostelería

Este escrito va dedicado especialmente a todos los que alguna vez se han compadecido de mí por trabajar donde trabajo, que no son muchos, pero algunos hay. Y no es algo que me moleste el hecho de que lo hayan hecho, qué  va, pero más que nada para explicarles.

Soy de las que piensa que todos deberíamos trabajar al menos una semana en todos los trabajos habidos y por haber. Ojalá eso fuera posible. Tantos programas que hacen por la tele, ya podrían hacer algún con gente compitiendo para distintos puestos de trabajo. Yo me ofrezco voluntaria. La idea queda dicha. Rolly trabajando por el mundo, quién sabe.

A lo que iba.

Cuando era más… adolescente, recuerdo que iba a los sitios típicos de adolescentes en mi pueblo los sábados por la noche: la Bocatería, la Italiana, Telepizza… (antes es que no habían kebaps, ni woks). Y me preguntaba cómo sería trabajar en esos sitos, estar en la otra parte, en la parte que te da el servicio.  YO no me veía trabajando en sitios así.

Años más tarde, con esto de la crisis, con esto de los recortes en becas… Me vi en la necesidad de tirar curriculums. Hasta entonces yo me limitaba a estudiar en una ciudad lejos de mi pueblo, y mis padres se podían “permitir” el lujo de mantenerme allí. Que en realidad no podían, pero me hacían creer que sí. Así que allí estaba yo, en la universidad, con un “suelo” a final de mes para pagarme el alquiler y la comida. Con tiempo libre hasta para practicar deportes. Un lujo que echo de menos y que envidio de los que a día de hoy pueden hacerlo.

Pues bien, ¿a dónde va una joven estudiante como yo a tirar curriculums por primera vez? A los supermercados, a Burguer King, a McDonnals… Eso fue lo primero que se me ocurrió, aunque no albergaba esperanzas de que me llamasen de ninguno de ellos… Y entonces un día un amigo me dijo que iban a abrir un local de 100 Montaditos cerca incluso de donde yo vivía, y que buscaban personal. Envié el CV y para mi sorpresa, ¡ME LLAMARON!

Esa llamada es la causa de que yo pudiese continuar viviendo fuera y estudiando al mismo tiempo, de lo contrario habría vuelto a casa y quién sabe cuándo me habría incorporado al mundo laboral. O cuándo habría podido seguir estudiando.

Y entonces ahí estaba yo, en mi primer trabajo conseguido gracias a unas cuantas mentirijillas (porque, obviamente, nunca antes había trabajado en hostelería), pensando en cómo era de curiosa la vida, cuando años antes en una bocatería me había dicho a mí misma que yo no me veía trabajando en un sitio así, que no valía para eso. Y no me refiero a que aspirase a algo más, sino que no me veía con el desparpajo y la paciencia suficientes que hay que tener para trabajar en hostelería.

Pasé mucha vergüenza los primeros meses. Es difícil adaptarse a algo así, aunque lo más difícil es asimilar psicológicamente el hecho de que recoger mesas o servir a la gente, no es ni mucho menos, un trabajo mediocre. Eso sí es difícil. Y no por nada, sino porque es la misma gente la que te hace pensar que sí lo es, que tú estás ahí para complacer a los señores y señoras que van pensando que ellos nunca trabajarían en un sitio como ese. Gente sobre todo  de la que no ha tenido que fregar un plato en su puñetera vida.

Tienes que tratar con muchos gilipollas, muchos, y poner tu mejor sonrisa a pesar de ello. Al principio cuesta, pero luego acaba siendo como un juego, y es hasta divertido. Pero ¿sabéis qué es lo mejor de todo? Lo mejor es cuando te topas con alguien que está de tu parte, que sabe lo que estar del otro lado, y te trata con respeto. Y agradecimiento. Una persona agradecida compensa a diez desagradecidas que has tenido que aguantar.

Cómo se nota esa gente. Y ojo, que yo no digo que los agradecidos sean solo personas que también trabajan o han trabajado en hostelería. Nada de eso. Hay gente generosa y amable por naturaleza, que han recibido una buena educación. Y eso se nota. Porque uno ya sabe más o menos quién no ha pegao ni golpe, quién no lo pegará nunca, o quién lo hará pronto, cuando le llegue el momento. No sé si me explico, pero ojala que sí.

Es curioso, por decirlo de alguna manera, cuando llega el famoso día del trabajador y todo el mundo se va a festejarlo a los bares, el único sitio abierto, sin duda. La gente va a celebrarlo. Yo nunca he podido celebrar ese día. Ahora habrá quién dirá, yo tampoco y no trabajo en hostelería, sí, pero eso es porque ahora está todo el mundo explotadísimo y todo abre todos los días, sea festivo o domingo, pero pensad en hace algunos años que aún no era así… Los hosteleros trabajan siempre, de hecho trabajan más cuando el resto no. Los días de año nuevo, nochevieja… ¿Qué sería de la gente si los bares cerraran esos días? ¿Qué locura no?

Los médicos también trabajan todos los días, pero es un trabajo mucho más respetable ¿verdad? Ellos salvan vidas, los hosteleros divierten vidas. Sin embargo, no está igual de considerado. Que no lo comparo, ni mucho menos, de hecho posiblemente soy de las que más respeto tiene por esas personas. Está claro que para ser médico hay que estudiar muchos años, unos cuantos más si quieres ser médico y tus recursos económicos hacen que tengas que trabajar también para costeártelo. ¿Y para ser camarero? Para ser camarero no hay que estudiar, pero hay que echarle un par. No todo el mundo sirve para eso. De hecho hay muchos que se dedican a ello que no valen para el puesto. Se nota enseguida.

Me hace gracia saber de muchos que trabajan sentados en sus oficinas, sobretodo los que lo hacen para dar un servicio público. Cuántas veces no habéis ido a un sitio de esos y os atendido con cara de amargados. ¿Acaso siempre tienen días malos? Encima te tratan como si fueras una mierda, o te hacen sentir así. Si yo hiciera eso en mi trabajo duraría como máximo dos días. Uno por si es que tengo un día malo, y otro para corroborar que soy yo que tengo cara de asco. Tenemos un trabajo que siempre pende de un hilo, porque hasta la queja de un cliente insatisfecho te pone en riesgo, mientras que otros muchos que cobran el doble que tú, se acomodan con sus cómodos trabajos y se permiten el lujo de ser estúpidos.

¿Sabéis? Si no disfrutáis con vuestro trabajo deberías cambiar. Yo he aprendido que cambiar es una gran ventaja. Te hace más feliz. He trabajado en hostelería 4 veces. Me he ido y he vuelto y por mi propia voluntad porque lo he echado de menos. Sí, he echado de menos la hostelería, el ajetreo, la gente. Y si no queréis/podéis cambiar, tomaros la vida con otra filosofía.

Por favor, que uno no tenga que ir al autobús con miedo a preguntar y recibir una pregunta cortante, que no tenga que ir a la consulta pública y que tomen como a un loco y no muestren interés por tus inquietudes. Oye, puede que hayas tenido a mil pacientes con los mismos síntomas que yo, pero yo eso no lo sé, y me lo tienes que explicar igual de bien que al primero que atendiste. Que no tenga que ir a arreglar los papeles del paro y me sienta más perdido al salir que al entrar.

Y que conste que NO siempre me ha pasado que me hayan atendido mal, porque me he cruzado con gente bastante buena, pero tine que haber de todo, claro. Así que los que trabajáis en sitios así y no os dais por aludidos, no os enfadéis conmigo.

Es curioso observar el comportamiento de los dependientes en los comercios pequeños y compararlos con los otros de los que hablaba. Fijáos cuando vais a una frutería de estas que están floreciendo en cada esquina de las ciudades, y los dueños no saben apenas hablar tu idioma, pero te sonríen en todo momento. Esto es porque su dinero depende del trato que te den. O una peluquería. ¿Quién ha ido a una peluquería y no han sido tratados como el mejor cliente? Tal vez exagere, pero pensad en las veces que habéis ido por primera vez, o por quinta a una peluquería. ¿No os reciben siempre con una sonrisa y con los brazos abiertos? Así es como debería de ser siempre, con todo.

El cliente es lo más importante, eso es lo que más se oye en los sitios últimamente. Me gustaría que la gente que va a los sitios entrara pensando también que lo más importante es el trabajador, porque tú podrías estar en su lugar.

Si damos lo mismo que queremos recibir, la cosa cambia, y mucho.

Es como ir por la calle tirando desperdicios al suelo. Total, ya lo limpiarán los barrenderos. Si no, se quedan sin trabajo. Perdona, bastantes desperdicios se generan ya por sí solos como para encima ir ensuciando más. ¿En tu casa lo harías? No, porque es tu casa. Pues las calles son de todos. Y lo mismo pasa en un bar. Hay quienes llegan, se sientan, cenan y se van y hay quienes llegan, revuelven todo, generan mogollón de basura, si les apetece rompen alguna cosa, o roban algo y se van. Ese es el tipo de gente que hace que tu trabajo sea más difícil.

Quiero dejar muy claro que me siento muy orgullosa del trabajo que tengo. Trabajar en hostelería me ha hecho mucho más humana. Me ha ayudado a entender mejor a las personas, e incluso me ha abierto puertas hacia otros trabajos.

Hace tiempo leí una noticia que los beckam habían puesto a su hijo mayor a trabajar los fines de semana en una cafetería. O entre semana, qué se yo. Aplaudo esa iniciativa, porque ese crío sabrá perfectamente lo que es que te traten con y sin respeto.

Estoy segura de que muchos han estado en alguna de las situaciones que yo describo. Así que poco más que decir que lo que dije al principio: A todos aquellos que os compadecéis de los que trabajamos en trabajos “de sin estudios” o “temporales para pagarnos los estudios”, dejad de hacerlo, porque hacéis que parezca lamentable y para nada, es todo lo contrario, es extraordinariamente gratificante y enriquecedor. Y yo la primera, porque a mí me llevó mi tiempo comprenderlo.

Y ahora la pregunta del millón: ¿Te ves toda la vida trabajando en hostelería?

Probablemente no, porque los horarios son muy malos. Pero no cambio por nada del mundo la experiencia que me llevo.

Att: Rolly Haacht.

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