Mary Read | Homenaje a una mujer pirata

Mary Read es uno de las personajes históricos reales por los que más admiración siento. Llevo tiempo obsesionada con su vida y no han sido pocos los libros que he leído sobre ella. No es la primera vez que dedico un vídeo a ella en mi canal, pero esta vez decidí hacer algo diferente. Esta vez, me propuse contar todo lo que fue su vida, desde que se hizo pasar por su hermano siendo apenas una niña, hasta sus últimos días en una prisión condenada por piratería. En marzo se me ocurrió esta idea y, aunque hace ya meses que terminé de escribir la poesía, no ha sido hasta ahora que me he atrevido a grabarlo y publicarlo.

Homaneje a Mary Read, por Rolly Haacht.

 

Fui una niña y un niño,
un hombre y una mujer.
Nací y crecí con las manos vacías,
y tuve más de lo que soñé tener.
Fui paje, marinero, soldado y espía.
Dama distinguida y dama de compañía.
Fui noble, plebeya, altanera y cortés.
Sincera, embustera, con pantalón y corsé.
Fui repudiada, querida, odiada y amada
Inglés, holandés y francés.
Traicioné y fui traicionada.
Fui Mary y Oliver Read.

Hija de un joven marinero,
que un día desapareció
sin dejar rastro, ni consuelo.

Hija de una mujer sin miedo
que aun desdichada en el amor
poseía el corazón más fiero.

Empecé a robar desde muy temprano,
para quitarle a los ricos más necios
algunos de sus vienes más preciados.

Y me hice pasar por mi difunto hermano,
para acceder a los privilegios
que como niña me eran negados.

También Aprendí de leyes y normas
sin que fuese premeditado,
para defenderme los abusos
como pobre adjudicados.

Tras la muerte repentina
de la mujer que más admiraba,
me fui a mentir y a malvivir a Dover,
descubriendo las ventajas
de haber sido infortunada,
y ganándome la vida desde muy joven.

Y allí crecí, junto al mar, fascinada,
sin comprender el por qué de mi anhelo.
Sintiéndome cada vez más y más atrapada
como paje junto a una mujer
de mirada ardiente y corazón de hielo.

Hasta que el destino me llamó de nuevo
y como un imán me atrajo hasta él.
“La perla” fue mi primer velero.
El primero del que me enamoré.
Y no solo hablo del barco,
también de su capitán
y de su timonel.

Ambos se dieron cuenta
de que nací siendo mujer,
y que, aunque se avecinase tormenta
me las apañaría bien.

Cuidaron de mí y yo de ellos,
y me enseñaron sin saberlo
que lealtad, honradez y franqueza
son los mejores talentos.

Con diecisiete mi rumbo viró
y perdí lo poco que tenía,
porque el destino me llevó
a una guerra que no era mía.
Camuflada siempre como un varón
y llena de melancolía,
fui hábil y letal como un halcón,
pese a que no me concernía.
Siempre el primero del batallón
demostrando mi valía.

Llegué a amar la contienda.
Luego la odié.
Me enamoré de un soldado
y me casé.

Pasé
de hombre libre
a mujer casada,
a dueña de un hogar
y de una posada.
Me quedé embarazada
y me alejé del mar,
porque era feliz
y le amaba.

Nadie cuenta que tuve dos hijos.
Mis valientes Junior y Ann.
Que ellos fueron la causa
del sacrificio de mi libertad.
Incluso maldije a su padre
antes de darles la vida,
porque al igual que yo sabía,
que el tamaño de mi añoranza,
sin responsabilidad más allá de él,
algún día me mataría.

Pero una vez más,
el destino me dio la salida,
y alguien a quien traicioné,
herida porque no la amé,
me buscó por venganza.
Mató al hombre de mi vida,
y no contenta con tal hazaña,
también me robó a mi niña.

Centré mi lucha en Ann,
en vengarme y recuperarla.
Y por eso volví al mar
con mi hijo siempre en la retaguardia.

Busqué a mis amigos
y les conté mi plan.
Trataron de disuadirme,
conscientes,
de que no cedería jamás.

Acabé en Italia
persiguiendo pistas
y conocí a un conde
de juventud infinita.

Poseía un cráneo de cristal.
Mágico, decía,
y valioso como el que más.
Pero yo no le creía,
pese a quererlo poseer,
hasta que vi lo que hacía,
y lo que era capaz de hacer.

Con su vida el conde lo protegía,
porque se lo querían robar,
así que un día
compartí con él mi ira
y regresamos al mar.

El corazón que me quedaba
se lo ofrecí a él,
en cada barco, cada batalla,
juntos sin perecer.

Maté gente como pirata,
igual que otros lo hicieron
con aires de legalidad.
A mí me condenaron,
por el miedo que tuvieron
de su hombría y su dignidad.

Dicen que morí en prisión
aplazada mi condena,
y que a la vez alguien se salvó
por influencias buenas.

Que era la famosa Bonny,
condenada igual que yo,
adoptada años atrás
por un importante señor.

Dicen que era la hija real
del rico William Cormac,
que buscaba libertad
porque odiaba sus normas.

Dicen y dicen muchas cosas.
Nadie escapa al que dirán.
Bonny y yo nos conocimos
atraídas como un imán.

Pero hay algo que nadie dice…
Y es que Anne Bonny
era, en realidad,
mi Ann.

Se cuentan historias sobre mí.
Muchas de mi vida privada
que yo nunca compartí.
Historias de piratas, sí,
pero pocas sobre mi lucha,
y sobre cómo viví.

Ahora soy un símbolo,
un recuerdo de lo que fui.

Pero Fui mucho más
que todos los rumores sin fundamento
que se convirtieron en leyenda
por la gracia y el sentimiento
de aquellos que las cuentan.

Mucho más…

que todas las tramas de amor y desamor
que circulan de boca en boca
como si eso fuese lo único
que me define como grandiosa.

Hice más justicia de la que esperaba.
Más de la que me propuse y deseaba.

Fui una niña y un niño,
un hombre y una mujer.
Nací y crecí con las manos vacías,
y tuve más de lo que soñé tener.

Fingid todo cuanto queráis,
pero amad sinceramente.

Os lo dice una persona que se pasó la vida fingiendo, en todo, excepto en el amor.

marryyIlustración: @LemoncielArt

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