Típicas estafas en los comercios

Esta mañana subí a Twitter un Hilo sobre estafas más habituales en los establecimientos con billetes de 5, de 50 y máquinas de tabaco. Y cuando me disponía a eliminar el texto, me he dado cuenta de que sería buena idea compartirlo también en el blog. Toda difusión es buena en este tipo de cosas, así que aquí lo dejo. Por cierto, esto no solo pasa en hostelería, en pequeños comercios también..

♦Billetes de 5. Si alguna vez alguien va a pedirte que le des cambio y le ves sacar un montón de billetes de 5€, DUDA. Normalmente lo que hacen es decirte que te dan x cantidad, pongamos 100€, y mientras te entretienes un segundo para abrir la caja y sacar lo correspondiente en billetes más grandes, el/la susodicho/a quita billetes del montón de 5€ que te ofrecía y tú piensas que estás cambiando la misma cantidad. Ante la duda, es mejor que le digas directamente que no te viene bien.

♦Billetes de 50. La gente sabe qué productos tiene que pedir, siempre de un precio menor de 5€ y no exacto. Pongamos, por ejemplo, un zumo de piña que cuesta 1,70€. Te lo pedirá, sacará un billete de 50€ y entonces, cuando abras la caja para cobrar y darle el cambio, empezará a decir “espera, que llevo suelto, espera” y te quitará el billete de las manos sin que te des cuenta. Tú ni te das cuenta de que ya no lo tienes y él/ella te hará creer que le tenías que devolver el resto, o devolverle directamente el billete de 50€ porque te lo va a dar justo o ya no quiere el producto. Normalmente todo esto lo acompaña con una labia que ya la quisiera yo, y te preguntará si tiene azúcar, porque si tiene azúcar, te dirá que entonces ya no lo quiere, porque es diabético, y que le devuelvas los 50€ que en realidad tú ya no tienes. Porque claro, lo más normal del mundo es pedirte un producto y después preguntar si tiene azúcar siendo diabético. CLARO. Así que, por favor, mirad bien el billete en cuanto alguien os diga “espera, que tengo suelto” o cualquier chorrada de ese tipo, cerrad la caja y con el dinero sobre la mesa, discutís. Si, además, después de todo el asunto, se muestra ofendido porque piensa que estás insinuando que sabes que quiere estafarte, se marchará indignadísimo/a. Y entonces ya no hay duda.

Consejo: Aseguraos de coger el billete, meterlo en la caja, darle el cambio y solo entonces mirar a ver qué cojones quiere, que no será otra cosa que que le devuelvas el dinero (y si queréis joderlo le dais los 1,70€ que le habéis cobrado y no le volvéis a dar el billete de 50 aunque pida que se lo cambiéis, para que tenga uno menos con el que estafar)

♦Máquinas de tabaco. Hay gente que se dedica a simular que compra un paquete y que la máquina no le ha devuelto el cambio, o mejor, que le devuelve el cambio pero dice no ha obtenido el paquete, por lo que también dice que tu máquina le ha “robado”. Si tenéis una máquina que os ofrece un distribuidor ajeno a la empresa, poned un cartel bien bonito y claro donde diga que no os responsabilizáis de los errores de la máquina, con el teléfono de la persona responsable. Así, si alguien se ofende porque “tu máquina le ha robado”, solo tendrás que decir, lo siento, no soy el/la responsable de la máquina, puede llamar aquí y rendir cuentas, porque cuando los propietarios hacen el recuento sacan el dinero que sobra y sabrán si se ha tragado su dinero o no. Y se lo devolverán encantados.

No tengáis miedo de enfrentar a esta gente, porque ellos no tienen ningún miramiento con el trabajador a cargo en ese momento, que probablemente tendrá que poner de su bolsillo el dinero que ha faltado a final de su turno.

Por último, no es necesario que os estén timando a vosotros para reaccionar. Es posible que, sabiendo esto, podáis advertir a la persona a cargo en el momento de que la persona le intente estafar.

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Suceso del día 11/05/15

IMG_20150512_191530Ella iba tranquilamente patinando por la calle del Dr. Vicente Zaragoza. Se dirigía hacia el trabajo.

Como por esa calle discurre un precioso carril bici, ella se dispuso a usarlo, hasta que en un momento dado se dio cuenta de que venían unas cuantas bicicletas con sus respectivos ocupantes por detrás -seguramente volvían de la universidad-, entonces decidió apartarse a un lado del carril, concretamente a la izquierda, con el fin de que los ciclistas pudiesen pasar cómodamente sin necesidad de realizar un adelantamiento.

Seguía patinando con calma, a una velocidad bastante pobre y prácticamente dejándose llevar con la velocidad adquirida anteriormente, y se percató de que un poco más adelante había un peatón, concretamente un chico joven -o no tan joven- con una sillita de bebé y un niño que no llegaba a los dos años. El susodicho caminaba pegado a la pared, y llevaba la sillita agarrada con una sola mano, su izquierda, lo que viene siendo la parte exterior. Iba hablando en voz alta, tal vez con el manos libres, tal vez con el niño (poco probable). También llevaba gafas de sol.

Casi justo cuando ya llegaba a su misma altura, ella observó cómo la sillita se le iba desviando, hacia el carril bici, hacia el carril imaginario por el que ella circulaba mientras las bicis la sobrepasaban. Y cuando por fin estaban a la misma altura él hizo un quiebro con la sillita pensando que ella se la iba a llevar pode delante. Seguramente sin darse cuenta de que se le había estado desviando, de que estaba despistado y de que ni siquiera la había visto a pesar de que de haber estado mirando al frente, lo habría hecho.

Entonces a ella le pareció escuchar un lleva cuidado, ¿no?, que en un primer momento pensó que se trataba de aquél chico hablando con el niño, pero que segundos después le asaltó la duda de si tal vez se lo hubiese dicho a ella. Entonces frenó lentamente en T, y una vez parada se dio la vuelta.

El chico se había quedado parado, también se había dado la vuelta, y la estaba mirando. Ahora estaba segura de que aquélla frase había sido para ella.

– Lleva cuidado tú -le dijo, incriminándole con el dedo, y en la distancia.

– ¿Yo? -respondió él, muy sorprendido-. Pero si eres tú la que no va por el carril bici.

– El carrito se te ha ido de las manos a ti, no a mí -sentenció ella.

Y volvió a ponerse en marcha rumbo a su destino. Si aquél le reprochó alguna cosa más, ella ya no lo escuchó.

***

Por supuesto, poco después, empezaron a atormentarle los pensamientos sobre lo que podría haberle dicho, y se imaginó en su cabeza toda la conversación que nunca existió:

– Si hubieses estado en lo que estabas, me habrías visto con tiempo de sobra, porque esta es una calle larguísima y hace rato que me salí del carril. ¿Y sabes por qué me salí? Porque igual que a ti te molesta que vaya por la acera, a muchos ciclistas les molesta también que use el carril bici. Así que para no molestar a nadie lo que hice fue colocarme en un punto que distaba de los unos y de los otros. Tú por tu parte llevabas el carrito con una sola mano y al contrario que tú, yo sí me he fijado en que se te estaba desviando cada vez más hacia donde yo circulaba. En ningún momento me lo iba a comer porque había espacio de sobra, sin embargo tú te has asustado cuando te has dado cuenta de una vez de lo que tenías por delante. Y puede que tú no sepas manejar una sillita de bebé en condiciones, pero yo me manejo lo suficiente con los patines para haberte esquivado de haber sido necesario. O al menos, si hubiese hecho alguna temeridad para asustarte o ponerte en riesgo a ti o al niño -que podría haber pasado que me tropezara, o vete tú a saber qué- con total seguridad me habría disculpado. Y tú, tú, tú, tú, que has sido el verdadero temerario, lo único que te has atrevido a decirme ha sido que llevase cuidado. 

He aquí una foto que contrarresta la primera que aparece de la calle, donde se puede comprobar el espacio que ella requería pasando con los patines por al lado del carril bici.IMG_20150512_191559